09 noviembre 2009

Hamlet

Nunca había podido ver un Hamlet en vivo, así es que a pesar del día, viernes, la hora, tarde, y la extensión de la obra, tres horas, me sacudí el cansancio y fuimos a ver la versión que la compañía La Perla29 presentó en el Teatre Metropol, el pequeño y precioso teatro modernista de Tarragona.

No me arrepentí. El poderoso texto rebosa humanidad y emoción a lo largo de toda la obra, en parte gracias a la soberbia interpretación de todos los personajes, en especial el apasionado y muy mediterráneo Hamlet interpretado por un entregado Julio Manrique y la conmovedora Ofelia, una excelente Aida de la Cruz.

El montaje, muy contemporáneo, mezcla elementos diversos, entre ellos, la música. La banda sonora combina fragmentos de la Séptima Sinfonia de Beethoven, la Patética, con l'Home estàtic de Pau Riba i el Goodnight Irene de Tom Waits

La intensidad del texto da para muchas citas, de sobra conocidas, sin embargo me quedo ésta: los consejos que Polonio da a su hijo Laertes, antes de su partida.

POLONIO.- ¿Aún estás aquí? ¡Qué mala vergüenza! A bordo, a bordo, el viento impele ya por la popa tus velas, y a ti sólo aguardan. Recibe mi bendición y procura imprimir en la memoria estos pocos preceptos. No publiques con facilidad lo que pienses, ni ejecutes cosa no bien premeditada primero. Debes ser afable, pero no vulgar en el trato. Une a tu alma con vínculos de acero aquellos amigos que adoptaste después de examinada su conducta; pero no acaricies con mano pródiga a los que acaban de salir del cascarón y aún están sin plumas. Huye siempre de mezclarte en disputas; pero una vez metido en ellas, obra de manera que tu contrario huya de ti. Presta el oído a todos y a pocos la voz. Oye las censuras de los demás; pero reserva tu propia opinión. Sea tu vestido tan costoso cuanto tus facultades lo permitan; pero no afectado en su hechura, rico, no extravagante, porque el traje dice por lo común quién es el sujeto, y los caballeros y principales señores franceses tienen el gusto muy delicado en esta materia. Procura no dar ni pedir prestado a nadie, porque el que presta suele perder a un tiempo el dinero y el amigo, y el que se acostumbra a pedir prestado falta al espíritu de economía y buen orden, que nos es tan útil. Pero, sobre todo, usa de ingenuidad contigo mismo, y no podrás ser falso con los demás, consecuencia tan necesaria como que la noche suceda al día. Adiós y Él permita que mi bendición haga fructificar en ti estos consejos.

03 noviembre 2009

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Hace un tiempo, un amigo, Iñigo Barbot, me contaba una divertida anécdota. Un colega suyo tenía de visita en su casa a unos amigos suecos que viajaban con su hijo de corta edad. En un momento dado, el niño formuló una pregunta en sueco a su padre quien primero puso cara de sorpresa y luego no pudo evitar reirse. Cuando el anfitrión preguntó qué era lo que intrigaba tanto al niño y hacía tanta gracia a su padre, éste tradujo la pregunta: El niño quería saber la razón por la que el teléfono del salón estaba atado a un cable y si eso era para que nadie pudiera robarlo. Nos agrade o no, vivimos en un mundo en el que la tecnología hace ya tiempo que juega un papel preponderante, inundándolo todo. Y no me refiero úncamente a Internet. Dependemos de la tecnología para viajar, para cuidar de la salud, para comunicarnos, para el ocio, para la ciencia, para la industria... Está ahí aunque no la veamos. Hoy la distancia no se mide en kilómetros, se mide por la velocidad a la que podemos comunicarnos...

Así empieza el famoso artículo de Javier Martinez Aldanondo, reconocido experto en gestion del conocimiento, que me ha pasado mi amigo Xavier. Es un artículo ya muy conocido entre los educadores que trabajan en nuevas tecnologías y que descubre las profundas contradicciones entre las que se debate, el mundo en general, y en concreto, el de la tecnología y el de la educación. Si os interesa el tema, el artículo: e-learnig y los 7 pecados capitales, no tiene desperdicio. Estos son los pecados a los que se refiere Martinez Aldanondo:

Primer pecado: Las personas aprenden escuchando o leyendo.
Segundo pecado: El Tecnocentrismo, la tecnología por delante de las personas.
Tercer pecado: Infocentrismo, la información por delante de las personas.
Cuarto pecado: Los colegios y universidades saben lo que necesitamos aprender para vivir en la sociedad del siglo XXI.
Quinto pecado: El aprendizaje ocurre independientemente de la motivación.
Sexto pecado: La mejor solución es una solución Blended (presencial – virtual).
Séptimo pecado: El Conocimiento es explícito y transmisible.

27 octubre 2009

Familia

Hace veinte años, nacía una de las series de televisión más transgresora, Los Simpson. Entonces nadie lo hubiera creído, pero hoy universidades americanas como la de Berkeley, ofrecen cursos basados en sus personajes. Se escriben libros sobre ella. Los educadores la utilizan a menudo como fuente de inspiración. Hace pocos días su creador, Matt Groening, con motivo del aniversario, declaraba que había intentado plasmar en la serie la enorme desconfianza que el ciudadano de a pie tiene en el poder y la acuciante necesidad que siente de proteger a toda costa a su familia, que, por imperfecta que parezca, resulta ser el último refugio, el lugar en el que, a pesar de todo, en el mejor de los casos, uno puede ser quien es. Contra lo que pueda parecer son una familia funcional. Los Simpson se quieren.

Este video es una auténtica reliquia, pertenece a la temporada 0 de la serie. No sabemos quien ni por qué los ha derivado, pero Los Simpson acuden a Terapia familiar.



26 octubre 2009

Maragall

Preciosa y conmovedora la entrevista que intenta hacerle Juan José Millás a Pasqual Maragall en El Pais Semanal. Maragall, incomprendido y maltratado por muchos, es también muy querido por mucha más gente de la que pueda parecer, antes y ahora, por su encanto, su creatividad, su imprevisibilidad, su rauxa. Un soñador, sí, tal vez, como titula Millás. Su actitud ante el Alzheimer que padece, aún le hace más extraordinario. Reproduzco algunos fragmentos, en el enlace de arriba está la entrevista completa:

Siendo alcalde de Barcelona, Maragall inició una práctica inusual para conocer de cerca los problemas de determinados barrios: de vez en cuando hacía las maletas y se iba a vivir unos días, junto a Diana, a la casa de uno de los vecinos de la zona. Se lo recuerdo mientras troto a su lado (lleva una velocidad endiablada), pues intento entender frente a qué clase de talento estoy, y me responde que si eres nieto de un poeta catalán y de un zapatero valenciano, ese tipo de iniciativas carecen de mérito. Cuando le voy a dar la réplica, porque el asunto me interesa en la medida en que guarda alguna relación con los procesos creativos, se acerca alguien de nuevo para preguntarle cómo está. Y es que la enfermedad de Maragall se vivía en la calle como un asunto comunitario. Muchas de las personas con las que hablábamos tenían también un familiar que padecía Alzheimer y nos contaban su caso, estableciendo comparaciones entre el proceso de su padre o su abuelo con el de Maragall, que escuchaba a todos sin paternalismos de usar y tirar, incluso, sin paternalismos a secas. Sus expresiones eran siempre de solidaridad, de apoyo, también de optimismo.
-Es increíble -dije- el cariño que te tiene la gente.
-Tú -respondió con un escepticismo en el que no había amargura- me coges en un momento de mi vida en el que soy un ex. Ser ex es cojonudo. Si estás en ejercicio, la gente te odia, te ama o te teme. Si eres ex, eres adorable porque no tienes poder. Además, en mi caso, yo recuerdo a muchas personas su juventud, sus mejores momentos, que coincidieron con la época de los Juegos Olímpicos...

Adoro esta radio -dijo mostrándonosla- porque la compré en mi época de América y me ha acompañado media vida. Es una Sony, y esto que estáis oyendo es Radio Gladys Palmera, que va cambiando de frecuencia porque es ilegal. Me encanta porque ponen música cubana. Las letras de la música cubana son mejores que Bécquer. Como un servidor de ustedes es un poco idiota, en vez de disfrutar del bolero que sonaba en esos instantes y de la situación, que era inédita, se dedicaba a hostigar a su anfitrión con preguntas supuestamente interesantes para su reportajito de mierda sobre el Alzheimer. Uno había ido a Barcelona a por el Alzheimer de Maragall y no estaba dispuesto a que se le escapara (de nuevo la maldita etiqueta). Pero por Dios, si el reportaje estaba ante mis ojos. Tantos años de oficio y aún no había aprendido que escribir consiste en ser capaz de ver lo que tienes delante de las narices (véase La carta robada, de Poe). Maragall llevaba con paciencia al reportero de mierda que les habla, hasta que en un momento dado se volvió a Socías y dijo señalándome: -Este hombre es muy nervioso, no se da cuenta de que para que se dé la circunstancia del conocimiento tiene que haber tranquilidad. Yo me sonrojé, como pillado en falta. Entonces Maragall me miró con afecto, sonrió y dijo: -¡Estos madrileños!

... Durante el resto del día, Socías y yo le acompañaríamos, más que como reporteros, como cómplices, pues también poseía la habilidad de ganarte para su causa, para sus causas, tuvieran el tamaño que tuvieran. Quizá porque fuimos capaces de adaptarnos a su ritmo vital (frenético) no huyó a la trastienda de su cabeza ni una sola vez a lo largo del día. Sólo volvimos a verle ese gesto de tristeza, quizá de desconcierto, por la noche, en su casa de Rupiá, adonde nos había invitado para que conociéramos al resto de su familia. Sucedió que un nieto le leyó delante de nosotros un cuento que acababa de escribir. A Maragall le gustó y felicitó al niño. Pero a los cinco minutos, como el cuento continuara encima de la mesa, pidió a su nieto que se lo leyera.
-Pero si te lo acabo de leer -dijo el pequeño.
Entonces Maragall se retiró desconcertado a la trastienda y cambió de conversación. Recordé que esa misma tarde yo le había preguntado qué se sentía al pertenecer a una saga familiar tan particular como la suya.

-Al final, te olvidas -dijo.

20 octubre 2009

Cine

La ciudad y sus administraciones, con su pasividad, le han dado la patada, este fin de semana, al último cine que quedaba en Tarragona. Como muy pronto dejarán morir a la entidad (TCC) que trajo a la ciudad, durante años, cine, música y teatro de vanguardia. Parece que solamente hay dinero público para la fiesta, la protección de la gralla o el balón. Ya solamente nos quedará la triste opción de las multisalas del centro comercial de turno. Ir al cine como quien va al super, a que le coloquen a la altura de los ojos lo que toca vender.
Una vergüenza para la ciudad que aspira a ser capital de la cultura el 2016. Ja!

10 octubre 2009

En ruta

Me ha encantado este video, The Cinematic Orchestra, To build a Home, dirigido por Sam Huntley.

Via Conde-Duque

01 octubre 2009

Luna

En el siempre interesante Pasa la vida, de Jordi Guzmán, leo algunas curiosidades sobre la Luna llena y los estudios que han intentado probar en vano, su misteriosa influencia en los seres vivos.

27 septiembre 2009

Sed

Estaba preparando una charla sobre educación, cuando recordé un viejo cuento popular, recogido por Freinet acerca de lo que significa enseñar, lo recojo aquí para compartirlo y también para no olvidarlo.

Una mañana, un joven que quería hacer un buen trabajo y así ser útil en la granja que le había acogido y pensó: Antes de llevar al caballo a los campos, iré a darle de beber. Así ahorraré tiempo y estaremos trabajando tranquilos durante todo el día. Pero al ir a por él e intentar llevarle al abrevadero, el caballo se resistió con fuerza.

- ¡Pero bueno! ¿Ahora manda el caballo? ¡Cómo! ¡Te niegas a ir al abrevadero y no le quitas ojo al campo de alfalfa de aquí al lado!, ¿pero, desde cuándo mandan los animales?. ¡Tú vendrás a beber! ¡Te lo digo yo!.

Y el inexperto joven empezó a tirar de las riendas y nada..., después se puso tras el caballo empujándole y... nada. Harto, cansado y furioso le golpeó en el costado y por fin el caballo avanzó unos metros hacia el abrevadero...

A lo mejor tiene miedo, pensó el joven, a lo mejor si lo acaricio y le hablo para tranquilizarle...

- ¡Mira que clara está el agua!, ¿Ves? ¡Está limpia! ¡Toma! Mójate los hocicos...

Pero el caballo no bebía.

- ¿Cómo? ¿No bebes?, toma, y el joven empujó bruscamente al caballo hacia el agua del abrevadero.
- ¡Vas a beber ahora! Y aplastó la cabeza del caballo hasta sumergirle el morro en el agua.
Pero, ¡Brrr! el resoplido del animal esparció el agua como una cascada alrededor de la fuente. Y el animal torció el morro y siguió resoplando con fuerza, pero no bebió.

Un viejo campesino que pasaba por allí y contempló la escena exclamó:

- ¡Oh! ¿Crees que a un caballo se le puede tratar así? Es menos animal que muchas personas... ¿Sabes? No tiene sed... Aunque lo mates no bebería. Podría fingir, tal vez, pero el agua que tragara la echaría de nuevo. . . . Tiempo perdido, amigo.
- ­Y entonces ¿qué puedo hacer?
-¡Ya se ve que tú no eres un auténtico campesino! No has entendido que el caballo no tiene sed durante las primeras horas de la mañana y, sin embargo, necesita comer alfalfa buena y fresca. Déjalo comer alfalfa hasta que se harte, después tendrá sed y ya verás cómo galopa hacia el abrevadero. Ni siquiera esperará a que tú le des permiso. Y te aconsejo que no te interpongas cuando lo haga... Y cuando esté bebiendo, ya puedes tirarle del ronzal todo lo que quieras que él seguirá bebiendo...

Y el joven aprendió que nadie bebe sin sed.

20 septiembre 2009

Humo


Quizá porque estoy intentando dejar de fumar y mi convicción tiene algunas fisuras, me acuerdo de este cuento indio, Las cuatro pipas, que asocia, para mi desgracia, el hecho de fumar con la reflexión y la templanza..

Hace muchos, muchos años, en un poblado indio situado en un profundo valle entre montañas, vivía una pacífica tribu liderada por un jefe sabio y prudente llamado Chíkala.

Una mañana, cuando el sol, como una enorme bola roja, se asomaba a dar a todos los buenos días por el horizonte, un miembro de la tribu, de nombre Hanhépiwi, se presentó ante el jefe con un enorme ataque de ira.

-¿Qué te ocurre, buen Hanhépiwi? Descarga en mí lo que perturba tu espíritu- le dijo pausadamente el jefe indio.
-Verás, sabio Chíkala. Mi amigo, mi mejor amigo, con quien compartía las piezas de caza y los secretos más íntimos, me ha ofendido y no me queda otro remedio que darle muerte para que mi alma encuentre sosiego.
-Comprendo tu ira, Hanhépiwi, pero antes de acabar con su vida, toma esta pipa, llénala y fúmatela debajo del anciano árbol de la vida.

Hanhépiwi hizo caso a su jefe: cogió su vieja pipa, se sentó debajo del árbol, la llenó con mucho cuidado y tardó más de una hora en fumársela entera. Cuando terminó su ira se había transformado en humo, dando paso al enfado, y le parecía excesiva la decisión de matar a su amigo; así que se fue a visitar al jefe de nuevo.

-Señor- le dijo-, he estado reflexionando y, aunque la ofensa ha sido grave, pienso que nadie merece la muerte. En lugar de apagar su vida, creo que un buen escarmiento será suficiente. Ahora mismo me iré a buscarlo para darle una zurra y que así no se le ocurra jamás volver a ofenderse.
-Comprendo tu enfado, Hanhépiwi; pero antes de levantar tu mano contra él, toma de nuevo tu pipa, llénala y fúmatela debajo del anciano árbol de la vida.

Hanhépiwi cogió una vez más la pipa, la llenó a la sombra del árbol y se puso a fumar. Cuando todo el tabaco se hubo quemado, su ira se había transformado en humo, dando paso a la indulgencia, y el indio se sentía incapaz de hacerle daño a su amigo, por muy grave que fuese su ofensa.

-Señor de la sabiduría- le dijo a su jefe -, he tenido tiempo para meditar y he llegado a la conclusión de que la amistad es algo muy hermoso como para destruirlo por una nimiedad. Estoy convencido de que lo mejor es que vaya a buscar a mi amigo, le dé un abrazo y los dos olvidemos nuestras disputas.
-También yo sabía desde el principio que esta era la solución más sabia, pero tenía que dejar que fueras tú mismo el que la encontraras. Ahora que por fin la has hallado, toma estas dos pipas y fumáoslas tu amigo y tú bajo el árbol de la vida.

Así lo hicieron. Los dos amigos fumaron juntos a la sombra del anciano árbol y dicen que su amistad se vio tan reforzada que no hubo nada ni nadie que pudiera jamás destruirla.”

A la sombra de otro amor
Carmen Gil

13 septiembre 2009

Nash

El dominical Magazine publica una muy interesante entrevista con el Nobel de Economia, John Forbes Nash. A pesar del Nobel, seguramente, si su vida y sus años de lucha contra la locura no hubieran atraído a Hollywood dando lugar a una exitosa producción, A beautiful mind, Nash seguiría siendo un auténtico desconocido para la mayoría de nosotros, como la mayoría de mentes maravillosas que ocupan tan poco espacio en los medios, muy ocupados en otros muchos asuntos mucho más mediáticos y sobre todo, rentables. Gracias a esa película pues, en la que dice no reconocerse y a la que califica de "una buena historia de ficción", sabemos que como afirma, "la locura es un sueño del que se puede despertar". Transcribo aquí algunos fragmentos y un enlace a la entrevista completa.

Desde el momento en que empecé el bachillerato ya me pasaba horas leyendo las enciclopedias para saber más cosas, quería saber cada vez más y más: temas de medicina, de astronomía, de zoología, de física y química… Ningún niño de mi edad hacía eso. No era un niño prodigio, no sacaba buenas notas y tenía problemas de conducta, pero acribillaba a mi padre con preguntas sobre electricidad, geología, ­climatología...

Mmm… Confundir las aportaciones de la ciencia con la ideología política no es un procedimiento correcto. Mi trabajo como científico es contribuir al conocimiento general de cómo nos relacionamos entre nosotros. En cierto sentido, es como lo que hacía Maquiavelo en El príncipe, no es que aquellos fueran sus principios morales, es que se limitaba a describir cómo funcionaba la política de su época. Mis teorías intentan explicar, en el campo político, cómo funcionan las cosas de verdad. Pero, en estos temas, todos somos muy ingenuos: la gente clasifica a unos como buenos y a los otros como malos, satanizándolos, y, a partir de ahí, en eso basa todas sus opiniones. Si yo analizo cómo se negocia a partir de movimientos de amenaza, no estoy afirmando que la amenaza sea moralmente buena o mala, estoy observando que se da en el trato entre personas y explico cómo funciona.

Me curé ignorando las voces. Las oía, pero llegó un momento en que ya no les hacía caso, hacía con empeño otras cosas. Me harté del pensamiento irracional y lo combatí con fuertes dosis de pensamiento racional: hacía cálculos, operaciones, etcétera. Decidí rechazarlas: “Ya podéis hablar, ya, que yo voy a lo mío”. La consecuencia de ignorarlas como si fueran un sueño fue que al final desaparecieron.

Les diría a los estudiantes que encuentren la felicidad en realizar la actividad académica en sí, que esta no dependa de los resultados, a menudo tan pendientes del azar y de elementos que escapan al control de una persona. En mi caso, uno de los descubrimientos que me hicieron ganar el Nobel no me sirvió en su día ni para obtener una plaza de profesor. Y les diría que se arriesguen, porque en la ciencia sucede igual que en los negocios: si te la juegas y ganas, el beneficio es espectacular; el descubrimiento, mayúsculo. Por esa razón, no deben temer al fracaso, no es algo negativo, es un paso más hacia la solución del problema, no deben desanimarse ante un fracaso. Que piensen que tener éxito haciendo lo que hace todo el mundo resulta, al final, un no éxito. No se trata de hacer mejor lo mismo que otros ya hacen, no, se trata de hacer otra cosa. Nadie es el mejor sin arriesgar. Y lo importante no es ir a clase, ni los exámenes, sino trabajar y pensar por sí mismos. Que extraigan el conocimiento directamente de la observación del mundo, no de lo que dicen otros. Aprender cosas de segunda mano ahoga la creatividad y la originalidad.
 
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